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18
junio

Emprender en el agro no siempre parte con grandes capitales, oficinas modernas o certezas de éxito. Muchas veces comienza con una idea, una necesidad concreta, una conversación incómoda, un fracaso temprano o una oportunidad que aparece cuando todavía nadie ve el camino.
Así lo entiende Juan Ignacio Sutil Servoin (1961), empresario y consejero de la SNA, quien frente a un grupo de emprendedores de diferentes edades y parte del sector agrícola y tecnológico compartió no solo una mirada sobre la industria, sino también una reflexión sobre el país, el esfuerzo, las reglas del juego y el rol de las nuevas generaciones.
El encuentro, realizado en el marco de una instancia realizada por la Sociedad Nacional de Agricultura e impulsada por AgroTech Chile, busca acercar a emprendedores del agro con figuras de trayectoria empresarial, permitiendo una conversación más directa, cercana y humana. La idea, según plantearon desde la organización, fue conocer la historia detrás del empresario, su recorrido, sus aprendizajes y su visión sobre cómo la innovación puede seguir aportando al desarrollo del agro chileno.
Ante representantes de empresas vinculadas a la postcosecha, digitalización agrícola, drones, automatización, biotecnología, gestión de residuos, sustentabilidad, genética y servicios para el campo, Sutil realizó un recorrido por su historia personal y empresarial, pero también por la transformación de Chile y de su agricultura durante las últimas décadas.
Juan Ignacio Sutil inició su intervención recordando que su vida profesional ha estado vinculada desde temprano a la agricultura y la industria. “Yo me llamo Juan Sutil, soy empresario de la industria, he trabajado todos mis días en la agricultura, en la industria”, señaló ante los asistentes.
Es fundador de Empresas Sutil, holding agroindustrial con presencia en rubros como frutas, nueces, vinos, servicios agrícolas y exportación, entre ellas Coagra, Pacific Nut, Viña Sutil, Frutícola Olmué y Banagro. Entre marzo de 2020 y diciembre de 2022 presidió la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), liderando al empresariado en un período marcado por la pandemia y el debate constitucional. Su trayectoria combina emprendimiento, actividad gremial y una fuerte visión sobre el rol del agro en el crecimiento de Chile.
Como dice él, su trayectoria comenzó en una etapa en que muchas de las industrias que hoy son pilares de la economía chilena aún no existían o estaban recién naciendo. Recordó que fue parte de una generación que vio surgir sectores como la fruta de exportación, los berries, el vino moderno, el salmón y la madera industrializada, todos rubros que con el tiempo se transformarían en motores del comercio exterior chileno.
“Los que somos más viejos sabemos que no había carretera, sabemos que no había aeropuerto. No había infraestructura. No existía la industria de las frutas. No existía la industria de los salmones. No existía la industria de la madera. Era un negocio chico, incipiente”, comentó.
Para Sutil, esa transformación no fue casual. A su juicio, se sustentó en acuerdos, institucionalidad, apertura comercial, inversión y una generación de empresarios que se atrevió a construir industrias cuando todavía no existían las certezas actuales.
En esa línea, recordó también su participación en distintos espacios gremiales y empresariales desde joven. Mencionó que en su época formó parte de una organización llamada “Los nuevos empresarios”, equivalente a los emprendedores de entonces, y que desde ahí comenzó a incorporarse tanto al mundo empresarial como al gremial.
Uno de los momentos más significativos de su relato fue cuando repasó el nacimiento de distintas industrias agroexportadoras. Sutil recordó que fue fundador de Hortifrut junto a Víctor Moller y que, en ese tiempo, los berries eran una actividad prácticamente inexistente en Chile.
“Las frambuesas eran de unas señoras que por ahí tenían cuatro matas en el huerto de la casa; las frutillas, unos huertos chiquititos; los arándanos, para qué decir, no existían”, relató.
Según contó, el negocio partió en 1983, cuando él tenía 22 años. Luego vinieron los primeros espárragos verdes, la masificación de las frambuesas y la incorporación de los arándanos, en una época en que tampoco existía la industria del kiwi como se conoce hoy.
“Yo hago un poco de historia porque todos estos años, a partir del año 85, fueron los que consolidaron de alguna forma la solidez de este país, lo cual no hubiera sido posible sin las reglas que se construyeron”, sostuvo.
Enfatizó que las industrias no nacen terminadas. Se construyen con riesgo, visión, ensayo, error y una institucionalidad que permita proyectar los negocios en el tiempo.
Sutil también abordó una de las principales inquietudes de las nuevas generaciones: por qué hoy cuesta más emprender, escalar y encontrar espacios de crecimiento.
A su juicio, uno de los problemas actuales es que parte del encadenamiento productivo que permitió crecer a muchas empresas se ha ido debilitando. Planteó que, en etapas anteriores, las grandes compañías podían ayudar a que un transportista, un proveedor de cajas, un prestador de servicios o una empresa emergente creciera junto con la industria.
“Yo soy exportador de fruta y necesito ocho camiones; lo primero que hago es que lo ayudo para que se compre un camión y solucione el problema, o dos o tres. O si tiene una imprenta o puede embalar cajas, lo ayudo para que esto se vaya al mar de los jóvenes”, ejemplificó.
En ese punto, afirmó que existe frustración entre los jóvenes que buscan emprender, especialmente porque muchas veces enfrentan trabas de financiamiento, regulación, inversión o falta de redes. Sin embargo, insistió en que Chile tiene condiciones para recuperar ese impulso. “Yo digo que es posible volver a dar un impulso. Yo estoy convencido que sí, porque hay frustración en los jóvenes”, señaló.
Sutil no dejó de mencionar el rol de los gremios y de las políticas públicas en el desarrollo del país. Fue enfático en señalar que las buenas políticas públicas no deben desconectarse de la realidad de las empresas, porque son ellas las que conocen los problemas concretos de inversión, producción, empleo, exportación y competitividad.
“Las políticas públicas bien hechas nacen de las necesidades de la empresa y las empresas son representadas por los gremios”, afirmó.
En ese sentido, destacó el papel de la Sociedad Nacional de Agricultura, especialmente por su capacidad de reunir a productores de distintos rubros: carne, leche, fruta seca, fruta fresca y otros sectores vinculados al agro.
Para el empresario, los gremios cumplen un rol clave en levantar información, proponer soluciones, derribar barreras paraarancelarias, enfrentar exigencias sanitarias y abrir mercados internacionales.
También subrayó que Chile logró parte importante de su desarrollo gracias a la apertura comercial. “Nos abrimos a todos los mercados del mundo donde está el 80% de los consumidores”, sostuvo, vinculando esa decisión con el salto exportador que permitió al país crecer y desarrollar nuevas industrias.
En su análisis sobre el futuro, Sutil planteó que Chile debe reforzar su vocación exportadora. A su juicio, el país tiene una oportunidad histórica en la producción de alimentos, especialmente considerando el crecimiento de la población mundial, la expansión de la clase media global y la demanda por productos de calidad.
“Chile no solo debe ser un país productor de minerales, sino que, como dice Antonio Walker siempre, un país agroexportador”, señaló.
El empresario recordó que el sector silvoagroexportador ya ha alcanzado cifras relevantes, pero sostuvo que aún existe espacio para crecer con fuerza. Según su visión, Chile puede pasar de exportaciones agroalimentarias cercanas a los 30.000 millones de dólares a niveles de 50.000 o 60.000 millones, si logra ordenar sus reglas, destrabar inversiones y fortalecer su competitividad.
También usó el ejemplo del vino para mostrar cómo los sectores pueden crecer cuando se abren al mundo. Recordó que cuando ingresó a la industria vitivinícola, a mediados de los años 80, Chile exportaba montos muy reducidos frente a los niveles actuales. Sin embargo, advirtió que los mercados cambian y que las empresas deben tener capacidad de adaptación.
“El mundo cambió el consumo, bueno, yo tengo que vender lo que el mundo necesita. Y eso es parte de los procesos de cambio”, sostuvo.
El encuentro también permitió conocer el trabajo de distintas empresas jóvenes vinculadas a Agrotech Chile, que están desarrollando soluciones para uno de los grandes dolores del agro: la escasez de mano de obra, los altos costos y la necesidad de producir con mayor eficiencia.
Entre los asistentes estuvieron emprendedores ligados a la postcosecha de fruta fresca, drones agrícolas, autopilotos, robots, energías renovables, automatización de procesos, monitoreo climático, sensores, biotecnología, gestión de residuos y sustentabilidad.
Se planteó que la digitalización del agro busca ayudar a enfrentar la falta de mano de obra y reducir costos. En esa línea, sus representantes señalaron que implementar tecnología en el campo dejó de ser un lujo y pasó a ser una necesidad.
“Antes era un lujo implementar tecnología en el campo. Hoy día es una necesidad y de alguna forma al implementar tecnología termino ahorrando dinero, termino ganando plata finalmente”, se expuso durante la conversación.
También se abordó el uso de drones para aplicaciones agrícolas y la próxima expansión de tecnologías de tasa variable, que permitirían aplicar productos de manera diferenciada según las necesidades del cultivo.
En la misma línea, otros emprendedores presentaron desarrollos orientados a automatizar decisiones en el campo mediante sensores de clima y suelo, con el fin de apoyar al agricultor en procesos como control de heladas u otros eventos extremos.
La sostenibilidad también apareció como uno de los temas centrales. Emprendedores presentes compartieron iniciativas para mejorar la gestión de residuos en exportadoras, campos y packing, especialmente en materias orgánicas que deben retirarse en plazos acotados para evitar problemas operacionales.
Otros participantes destacaron la importancia de la economía sustentable y sostenible como una condición cada vez más exigida por los mercados internacionales. En ese contexto, se mencionó que destinos como India, Singapur o Europa del Este pueden requerir mayores certificaciones vinculadas a sostenibilidad.
La conversación dejó en evidencia que la innovación en el agro ya no se limita a incorporar maquinaria o sensores. También implica mejorar procesos, reducir pérdidas, agregar valor, cumplir nuevas exigencias comerciales y responder a consumidores más conscientes.
Otro de los temas abordados fue el rol de la biotecnología y la genética en el futuro productivo. Algunas empresas presentes trabajan en la recolección y estudio de microorganismos de ambientes extremos para desarrollar aplicaciones de alto valor en agricultura, salud y minería.
También se destacó el trabajo en propiedad intelectual agrícola y representación de nueva genética, con el objetivo de introducir mejores cultivos y variedades al país.
Sutil fue especialmente enfático en señalar que Chile ya cuenta con capacidades tecnológicas relevantes en sectores como la fruta, el salmón y la minería. Para él, el país no parte de cero: tiene experiencia, capital humano, conocimiento exportador y condiciones naturales que pueden volver a empujar un ciclo de crecimiento.
“Tenemos la tecnología. Tecnología aplicada. Chile hoy día tiene tecnología de clase mundial en esa industria. En fruta tenemos tecnología de clase mundial. En minería. Yo creo que está todo, pero al final son las reglas”, afirmó.
Desde su perspectiva, el problema no está en la falta de talento o de capacidad empresarial, sino en la necesidad de contar con reglas duras, claras y convocantes, que permitan invertir, crecer y proyectar negocios de largo plazo. “Chile ya lo hizo. Chile tiene una capacidad, un capital humano que lo logró”, agregó.
Hacia el cierre del encuentro, uno de los participantes compartió una reflexión que de aquí a 2050, la industria alimentaria y agropecuaria deberá producir más alimentos que todo lo que se ha producido en la historia de la humanidad.
La frase conectó directamente con la visión que Sutil había planteado durante la conversación. El agro chileno tiene una oportunidad única, pero para aprovecharla requiere jóvenes emprendedores, innovación, inversión, gremios fuertes, políticas públicas bien diseñadas y una industria capaz de adaptarse a los cambios del mundo.
Finalmente está claro que emprender no es fácil, crecer tampoco, y construir industrias toma décadas. Sin embargo, el país ya demostró que puede hacerlo.
La historia del agro chileno está llena de ejemplos de sectores que nacieron pequeños, casi invisibles, y que terminaron conquistando mercados internacionales. Para Sutil, ese espíritu puede volver a activarse si Chile recupera confianza, colaboración y sentido de futuro.
“Chile puede volver a dar un salto, pero ese salto necesitará empresarios que se atrevan, gremios que articulen, tecnología que llegue al campo y una nueva generación dispuesta a convertir los desafíos del agro en oportunidades para el país”, concluyó Juan Sutil Servoin.
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