Sociedad Nacional de Agricultura, un futuro con historia

Indicadores Económicos
Dólar Observado: 781,44
Euro: 912,58
UF: 28.702,11
UTM: 50.322
ARROZ
Hoy: 239
Semana Anterior: 241 *$/Kg, referencia costo importación
MAÍZ
Hoy: 175
Semana Anterior: 178 *$/Kg, referencia costo importación
TRIGO
Hoy: 234
Semana Anterior: 241 *$/Kg, referencia costo importación

Columna del Presidente
Capital humano para una agricultura competitiva


La competitividad de la agricultura chilena –al igual que la del resto de la economía- hoy demanda una fuerte inversión de capital humano. El desarrollo de los negocios agroalimentarios en los últimos 30 años dan cuenta del enorme potencial productivo del país, basado en nuestro clima mediterráneo, un patrimonio sanitario construido con enorme esfuerzo público-privado y, por supuesto, de una fuerza empresarial de larga tradición emprendedora, que ha sabido desarrollar negocios de nivel mundial aprovechando el valioso potencial que nos prodiga la naturaleza.
La pérdida de competitividad del sector cercana al 40% en la última década, tiene su origen en la fuerte apreciación de nuestra moneda y los crecientes costos de producción –en particular, de mano de obra y energía- lo que nos exige hoy una audaz reconversión productiva, con perfiles ocupacionales acordes a los más modernos estándares productivos y tecnológicos.
Este nuevo escenario implica un gran reto para pequeños y medianos agricultores, y sus estamentos de trabajadores. Esto no es una tarea menor, por dos razones: una, que la agricultura dispone de un capital humano de relativa baja formación y dos, que los actuales sistemas de capacitación y formación técnica de nivel medio y superior, deberán actualizar sus mallas formativas a esta nueva realidad.
La iniciativa gubernamental de formar Consejos Empresariales para el desarrollo de Competencias Laborales podría ser el camino que ofrezca respuestas pertinentes para esta gran tarea en el largo plazo. Simultáneamente, el Estado a través de sus instrumentos de fomento e innovación, debe impulsar con más fuerza y amplitud la difusión tecnológica, que permita cerrar las grandes brechas tecnológicas de los productores de menor escala. Las Alianzas Productivas entre la industria y los pequeños proveedores de materias primas, impulsadas por INDAP, son una exitosa experiencia en este sentido.
En el corto plazo, urge perfeccionar el funcionamiento del mercado laboral. Dos tercios de los que trabajan en la agricultura son dependientes y de éstos, el 50% se contratan por temporada o por faenas (un 80%, en el caso de las mujeres). El proyecto de Estatuto en actual discusión en el Congreso, es una parte muy importante de la solución, pero no basta. La búsqueda de un trabajo en el agro se hace cada vez más difícil y podría hacerse mucho más expedito para ambas partes si se desarrollaran bolsas electrónicas de empleo, soluciones plenamente factibles hoy en día. Esto transformaría el mercado laboral agrícola haciéndolo más profundo, informado, transparente y atractivo.
A pesar de que los trabajadores agrícolas tienen, en promedio, tan solo 8 años de escolaridad, muchos de ellos han acumulado gran experiencia a lo largo de sus vidas, alcanzando altos niveles de productividad, pero sus competencias no están debidamente certificadas para permitirles negociar mejor sus salarios. La creciente escasez de mano de obra ha causado una proliferación de contratistas y proveedores de mano de obra para el campo, con muy precaria organización y poca transparencia para ambas partes, donde es común el incumplimiento laboral de contratos de servicios y la sub-cotización, lo que provoca perjuicios a trabajadores y empleadores. Esto ocurre especialmente en la fruticultura, una actividad cuyas exportaciones ya superan los 5 mil millones de dólares anuales y que, por su naturaleza, exige gran precisión en las tareas de manejo del huerto y puntualidad en las cosechas. Abordar cuanto antes estas imperfecciones sería de gran apoyo a la competitividad del agro.


Ver todas las Columnas